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Cigare

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* * *
Gran Via
El Brujo mira desde lo alto la profundidad de un nuevo asfalto.
Se entretiene pensando en las ciudades que viajan en los abrigos de la gente, en la pareja que desafía al rojo, cruzando sin mirar por la avenida. Llegó a la Ciudad apresurado, cínico y muerto de miedo, como las palabras que guardaba apretadas entre los dientes, con  los bolsillos llenos de puños cerrados.
De noche,el Brujo se alzaba aún más grave, invocaba calles familiares por las que nunca había caminado, saludaba sonriendo a los fantasmas que esperaban detrás de algunas barras, maldecía el segundo de vértigo que separa dos canciones. Seguía repitiéndose  las palabras que nunca arreglaron nada, resucitando sin cuidado el brillo de las heridas, conjurando contra su suerte.
Supongo que entonces sucedió. Por la mañana invitó a la Ciudad a desayunar en su casa, abrió las manos, desencajó los dientes, dejó de hablar por un momento de la sal sobre los campos. Olvidó a su favor la historia del daño.
* * *
Llegó sin avisar.Cada vez con mayor frecuencia sus ojos sufrían una sequedad repentina. Muy a menudo discutía con Février y Silence golpeando con violencia la mesa, sintiéndose incómodo y a veces a salvo en los espacios que dejan algunas palabras y los rincones mal iluminados de los locales. Cigare empezó a sospechar lo que sucedía: estaba desapareciendo.No sabía si en un sentido literario, metafórico o real -corpóreo-, si era su voz la que estaba huyendo de los poemas que no escribía o eran sus pasos, alejándole de las historias que le habían dado un nombre. Estaba desapareciendo a pesar de su empeño por abrir  ventanas con vistas a habitaciones interiores. Desaparecía en la intermitencia de sus párpados, aquejados por aquella sequedad inoportuna en la que el narrador miraba hacia otro lado.Desaparecía también de una forma extraña,deslizándose bajo la piel de otra gente, 
compartiendo desnudez frente al espejo.
Fevrier miraba hacia otro lado, Cigare esperaba su inminente desaparición; Guille - y Silence-  seguirían trazando algunos planes frente a los espejos.
* * *
Hoy va hacer un año, pensabas. Nada te obligaba pero allí estabas otra vez, en contra de ti mismo haciendo memoria, mirando por la ventana al otoño, como esos tipos que andan por la calle fingiendo la pesadez de derrotas que ya no recuerdan.
Entonces Silence señaló la nieve cayendo sobre algunas azoteas, los puñales en los años que no acabarán en nueve.
Ignorará conmigo la lluvia sobre la ciudad naranja, repetirá mi nombre contra el otoño.Decidirá mantenerme con vida, por ahora.
* * *


Ya sólo sientes
la ira de sus ojos.


      Sobre ti,
      un cielo abierto
      ilumina en el brillo de tu herida.


      Rafael Correcher. El azul de los lápices


Tablas*

Ha decidido no despedirse de ti,
ahora que te has imaginado
corriendo hacia el aeropuerto.

En el asiento salvará su vida,
el trazo obligatorio 
de la seguridad a su cintura.

Sobre un cielo abierto
negará su espacio a la herida
y el abrazo de las cortinas de tu casa.

Ya lo sabías:
la luz de su noche
no iba a alumbrar salidas de emergencia



*Sirva de despedida , una de tantas.

* * *
A Sara y Victor
compañeros de  búsqueda
en las profundidades
del mar de nuestro análisis
s

En algún lugar de la noche
hay miradas que bucean
en otras miradas,
gente que respira a través de los sueños
del oxígeno que dejan las palabras
que no se atreven a nadar
algunas veces
entre dos cuerpos.

Y llega entonces una bocanada de certeza,
una duda cómplice, meridiana,
y la inmersión de varios buzos
que dejaron a un lado
la nostalgia de la superficie,
que buscan encontrarse
en cualquier otro naufragio
 
* * *
* * *
La noche en la que aprendí que el blues se dejaba bailar, perdí otra vez  la noción del rhythm.Al segundo cigarro la ceniza borraba el tiempo de una de esas cartas que nunca pude escribir y aquí entra el escueto estribillo(...)
Semanas atrás había estado cruzando fronteras y puertos como si andara buscando un norte aún mas horizontal. Devuelto a una nueva rutina  he brindado entre fotos monocromas mirando a otros ojos y aqui vuelve otra vez el verso roto(...)
El lugar vuelve de pronto a su equilibrio ecléctico de cuerpos que bailan frente a los músicos, de gente que marca con la mano el tempo sobre las mesas o mueven la cabeza con los ojos cerrados.Y es entonces cuando abro los ojos y sonrío y aquí  viene por fin la frase: do you want to dance?
* * *

He aprendido a darme la razón, a abandonar las fiestas a mi ritmo, en el momento preciso en el que un autobús es una ambulancia. También he sabido de la importancia de los abrazos que nunca engañan; de las miradas que siempre debí evitar y de caminar por las calles de Copenahgue huyendo del frío o del cualquier otra idea que haya quedado tan sólo un paso mas allá de mis talones.

Y es que como dice Postal, hay ciudades hechas para ser reinventadas, incluso en esos tiempos en los que Retour advierte un cambio de ciclo que nos viene grande, que entra sin pedir permiso. Es entonces el tiempo de pagar la cuenta que debemos a los espejos, de brindar con el tipo que allí habita, aunque no siempre me convenzan sus razones. Aunque no siempre me siga los pasos.
* * *


Postal me mira desde el ojo perfecto de su cámara, manejando el enfoque de una ciudad que se desnuda subjetiva; objetivamente ecléctica. Lo cierto es que sin esperarlo Berlín se convertía en un escenario  donde cabía lo familiar y lo nuevo; la certeza del abrazo con los amigos que se habían quedado y esta sensación tan aleatoria de estar en mitad de una vida nueva
-¿Qué sabes de Retour? - Creo que es feliz encontrando su sitio-
Fue inevitable entonces tender puentes. En un café de Hackescher Markt, corriendo detrás de tranvías nocturnos o simplemente bajo la lluvia sentimos la necesidad de contarnos cómo habíamos circunscrito el punto en el que se habían quedado nuestras vidas y qué sería de toda aquella gente que nos la cuidaba en nuestra ausencia.

También hubo tiempo para  perderme en algunos de esos recuerdos color navidad. Acordarme de susurrar al buzón de correos el destino de la postal que acabamos de enviar, tal como me enseñó mi padre. La huida seguía así su curso, encontrándonos en ciudades desconocidas que acabamos de reinventar y la sensación de volver, como quien vuelve a casa, al hogar que he fundado con los compañeros de huida, quiero decir con la familia de huidos, nacidos a mitad de camino entre Berlín y Copenhague, entre la nostalgia y la alegría de un noviembre nevado.



 
* * *


Se me acusa de escribir poco y que además cuando lo hago "cuento" pocas cosas; de que siempre como brócoli, arroz o pasta. Lo cierto es que muchos de los que vinimos a perdernos  hemos sentido la necesidad de ubicarnos en un Norte que nunca imaginamos, en aquel baile de bufandas con el mes de septiembre o del frio navideño a final de octubre. Hemos tenido que acostumbrarnos a una vida donde las cosas pasan casi sin pasar por nosotros, de nosotros.

 Sin embargo a veces necesitamos acumular cosas en la retina para sentirnos parte de algo, para saber "contarnos" algo a nosotros mismos. En este caso las fotografías no nos bastan. Sonrisas en las fiestas o ciudades de noche no me han sido suficientes, por eso desde aquella noche, semanas atrás, decidí beberme Copenhague a pequeños sorbos, acumular rincones de esta ciudad para sentirme un poco más en casa. De la misma forma en que días antes de irme trataba de memorizar plazas y calles de mi barrio, como si no formaran parte ya de el escenario de una vida grabada a fuego lento.

Por eso no puedo contar cosas, no quiero contarlas. Es tiempo ahora de que el jazz sea la banda sonora de esta ciudad que improvisa conmigo. De encontrarme en dos pupilas que me tratan bien y en las risas con los compañeros de huida, de teñir de un kind of blue la nostalgia o esta sensación de haber nacido en otra parte, en cualquier lugar, lontano lontano.

* * *

He tenido que tomar aire. Retroceder unos pasos para reivindicar el no querer tomar partido y de hablar con Postal de cómo encontrar nuevos parámetros para este otoño. Han sido también días de cura de penicilina y de algunos abrazos extrañamente familiares; de pasear en plena noche por Copenhague y doblar las esquinas sincronizándose con el viento.

Aun no he sabido explicarme, por qué me he decidido a juntar certezas en esas mismas noches en las que Victor me acompaña a vagabundear por callejuelas. Cosas como que esta vida parecer ahora un poco mas nuestra o que saber lo que tienes -en realidad- nunca ha tenido que ver con la pérdida

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