Llegó sin avisar.Cada vez con mayor frecuencia sus ojos sufrían una sequedad repentina. Muy a menudo discutía con Février y Silence golpeando con violencia la mesa, sintiéndose incómodo y a veces a salvo en los espacios que dejan algunas palabras y los rincones mal iluminados de los locales. Cigare empezó a sospechar lo que sucedía: estaba desapareciendo.No sabía si en un sentido literario, metafórico o real -corpóreo-, si era su voz la que estaba huyendo de los poemas que no escribía o eran sus pasos, alejándole de las historias que le habían dado un nombre. Estaba desapareciendo a pesar de su empeño por abrir ventanas con vistas a habitaciones interiores. Desaparecía en la intermitencia de sus párpados, aquejados por aquella sequedad inoportuna en la que el narrador miraba hacia otro lado.Desaparecía también de una forma extraña,deslizándose bajo la piel de otra gente,
compartiendo desnudez frente al espejo.
Fevrier miraba hacia otro lado, Cigare esperaba su inminente desaparición; Guille - y Silence- seguirían trazando algunos planes frente a los espejos.
compartiendo desnudez frente al espejo.
Fevrier miraba hacia otro lado, Cigare esperaba su inminente desaparición; Guille - y Silence- seguirían trazando algunos planes frente a los espejos.
